Hice mi primera película a los 19. Sin dinero. Sin escuela de cine. Sin pretextos.
Mi papá me crió con privación deliberada. Nada de Nintendo. Nada de azúcar. Nada regalado. Su filosofía: no darle nada material y lo construirá todo.
Tenía razón. Diez industrias. Gané siete cifras. Perdí siete cifras. He enterrado a mi hermano menor y a mi padre — y sigo construyendo.
Porque una sola cosa que mi papá me sembró a los cinco años se ha sostenido en cada capítulo: Mentalízalo. Verlo antes de que exista. Y luego ir por ello. Ese es el sistema que enseño hoy.
Lee la historia completa →


